Aglomoco

Bienvenidos al torcido mundo de mi creación, Aglomoco ¡Recuerden! Comentad o les arrancaré el higado!

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Location: Río Bueno, X región, Chile

La historia se ha escrito con sangre y a punta de espada. A mi siempre me a interesado la historia, siendo una de mis grandes pasiones, pero como la historia esta cargada de guerras, revueltas, revoluciones e invasiones, empezé a buscar saber más sobre las guerras y batallas. De esa manera, actualmente, soy un apasionado de la historia belica, así tambien de sus armas y fortificaciones. Aparte de ello, me interesan los juegos de rol, que aunque nunca he jugado ninguno, soy el master de uno inventado (bastante informal, pero a fin de cuentas, poco me importa y a los que lo juegan). Este juego de rol, ya va funcionando desde 10 años más o menos, y en su momento pick, tuvo 70 personas, cosa que por ridicula que sea me enorgullese. Por ahora, estudio, si así se le puede llamar a lo poco que hago con respecto al colegio. "Incursores Kanovs" es una novela que estoy escribiendo, se puede considerar como una tipica historia de estilo "espadas y brujeria", pero relativo a mi juego y mi mundo, Aiers o Aglomoco, como prefieran mencionarlo. "Guerra de Fronteras" es mi primera novela gráfica y trata principalmente de la vida y campaña en el crucero de Nortenz "Skadi"

Friday, October 13, 2006

40, 38, 1.920

(Cuento corto de ciencia ficción, si lo quieren leer....no me hago responsable de aburrimiento)

Sucedió hace dos o tres años, no lo recuerdo bien, pero lo que sé es que fue el verano más caluroso que he vivido. En esa época la vida se me antojaba simple y sin problemas ni preocupaciones, pues para todos era así. La estabilidad mundial reinaba, y no había problemas económicos. Se podría decir que se habían superado todos los problemas antiguos, como los políticos, naturales y la sobrepoblación. La sociedad se había acomodado y creía que ese bienestar era un derecho. Hacía tiempo ya que nosotros, los humanos, habíamos conquistado los problemas del espacio, dominándolos al igual que sus planetas. Las naves y colonias espaciales poblaban el espacio, dejando a las colonias exteriores apartadas. Ese era casi el único problema, en ese entonces: las colonias, lugares inhóspitos, habitados por la lacra de la sociedad.
Yo había vuelto aquel año de una exploración minera a una de aquellas colonias, después de cerca de dos años de exilio en el exterior, volvía a mi familia y conocidos de la tierra. Ah, la tierra, esa pequeña canica azul y verde en el espacio, que nuestros antepasados habían agotado y casi destruido, había sido reconstruida prácticamente entera gracias a la tecnología, pues unos sabios científicos habían guardado como tesoro el ADN, de las especies vivas y extintas; antes de la casi total destrucción de la tierra por la ambición humana.
Ahora que lo pienso puede no haber sido un verano tan caluroso, pues la larga estadía en paramos inhóspitos y en el increíble frío espacial puede haber cambiado mi percepción.
Bueno, sucedió que aquel año yo volvía a la tierra, donde encontré a mi esposa y mis dos hijas esperándome en el puerto espacial. Después de un afectuoso abrazo me fui con mi familia a mi pequeña granja orgánica en las cercanías de Extremburg. Más o menos dos semanas después de mi llegada, los censores se volvieron locos en medio de la noche, produciendo extraños ruidos. También oí los ladridos de mi perro y sonidos venidos desde mi huerto. Yo, intrigado y asustado, bajé de mi pieza y armado con una linterna salí de la casa y me adentré en el huerto. Ahora el silencio reinaba roto solamente por mi respiración agitada. El aire se encontraba viciado por un extraño e indescriptible hedor. Repentinamente vi un movimiento, o un reflejo o algo así, que cruzo rápidamente entre mis pies. Cuando volteé no pude ver nada, fuera de las hojas agitadas. Antes de alcanzarme a reponer completamente de la sorpresa oí a mi perro ladrar de terror y dolor. Al encontrarlo mis ojos se llenaron de lagrimas, al ver el estado en que quedó el pobre animal. Algo le había seccionado las dos patas delanteras y parte del cuello, dejándolo increíblemente aun vivo. Le grité a mi mujer que se asomaba por la ventana que no dejara salir a las niñas, mientras que cogía con ambas manos al animal. Subimos al vehículo y lo llevé al veterinario. Al alejarme, mi hija más pequeña salió de la casa, seguida por su madre, y al ver el vehículo alejándose se puso a llorar desconsoladamente. Al llegar al veterinario me dijo sin preguntar que había sucedido, que gracias a la tecnología, mi perro iba a poder recuperar sus dos patas delanteras y sus anteriores fuerzas. Me dijo que me podía retirar, y yo al cerrar la puerta lo oí murmurar que no podía entender que clase de idiota dejaba su perro suelto si vivía en las cercanías de los rieles de un Electrotren. Después de eso fui a la comisaria a contar lo sucedido, pero la única respuesta que recibí de la secretaria electrónica era que debía esperar cuatro horas a que empezara a operar la comisaria, a las 6:00 AM. Decidí que no valía la pena esperar, me apeé en mi vehículo y volví a mi casa, con miles de dudas acerca de lo ocurrido, cuando una especie de explosión de luz me cegó. Solté el volante para cubrirme la vista, pero el vehículo, sin control, cayó en una cuneta.
Creo que estuve mucho tiempo inconsciente, pues desperté cuando el sol ya se ocultaba, a 10 metros de mi vehículo, ambos ocultos por el espeso follaje. Sentía un fuerte dolor en la base de la nuca y el brazo izquierdo me ardía. Después de estar diez minutos sentado oí que se acercaba un vehículo. Para detenerlo me subí a la carretera y hice señas con los brazos. El vehículo se detuvo y de él bajo un joven pelirrojo con la cara marcada por el acné. Después de una breve explicación el joven me dijo que iba en la misma dirección y que podía ir con él, pues después de revisar mi vehículo sentenció que ya no servía para nada y se sorprendió de que yo hubiera sobrevivido a ese accidente. El vehículo del joven olía a tabaco barato y los asientos estaban forrados por una imitación de cuero púrpura desgarrada. Yo había entrado primero, seguido por el joven. Después de un breve trecho se presentó como John Black, experto en alienígenas y apariciones paranormales. Yo lo miré extrañado, pues era incrédulo hacia esos temas. Más bien en esa época nadie creía ya en la vida extraterrestre. Después de un breve silencio le pregunté que hacía en Extremburg, donde nunca sucedía nada, y todos éramos felices porque era así. Él al escucharme me miró extrañado y dijo:
-¿dónde has estado tú los últimos tres días?

Lo que primero hice fue pensar que no había sucedido nada extraño excepto lo ocurrido aquella madrugada del miércoles, al pensar en el tiempo automáticamente observé mi reloj, que estaba paralizado. Para ponerlo al día mire el reloj digital del vehículo y esto me cayó como balde de agua fría: ¡era el viernes en la tarde!...¡Tres días, por Dios!

Me absorbí en mis pensamientos, escuchando fragmentos de su perorata.

-...si, han pasado muchas cosas, avistamientos de luces, signos en los cultivos, ¡incluso a desaparecido gente!

- Pero todo eso es refutable- dije, saliendo de mis pensamientos, negándome a creer lo que me había pasado.

- ¿Eso crees? Pues escucha esto.

Alargó su brazo a la radio del vehículo, encendiéndola. La radio empezó a emitir un sonido ululante, que se repetía cada cinco segundos, con sonidos altos y bajos, como períodos. Al empezar a oír la grabación no le encontré sentido, pero en la tercera repetición me empezó a doler la base de la nuca y a entender el sonido. Eran números:

40, 38, 1.920, 40, 38, 1.920, así una y otra vez. El dolor era insoportable y me cegaba la vista, moví mi brazo para intentar apagar la radio pero caí en el suelo de goma del vehículo. John, asustado, cortó la radio y me ayudó a sentarme nuevamente.

- ¿Qué te pasa?

Respondí únicamente 40, 38, 1.920 en voz baja, creyendo que de esa manera entendería la grabación. Como el dolor desaparecía empece a meditar eso, mientras me sobaba la nuca. 40, 38, 1.920... ¿Qué significaba?

- Se ha estado repitiendo desde el jueves. Es lo mismo en todas las radios y los televisores igualmente lo repiten, pero sin imágenes.

Miré a John, preguntándome si el también oyó lo que yo. Le pregunté que creía que podía ser. Su facción se puso misteriosa y aseguró:

- Están comunicándose...

Lo miré extrañado. No creía en eso y me negaba a creer. Al ver en la lejanía mi granja le dije que se detuviera en ese lugar, y que el resto de la distancia lo recorrería a pie, a pesar que la noche ya había caído. Después de despedirme me arrastré debajo del cerco y entré en mi maizal, pensando en lo ocurrido. Eran aproximadamente dos kilómetros de maíz hasta mi hogar, los cuales había recorrido muchas veces sin problemas. 40, 38, 1.920... ¿40, 38, 1.920?...

No entendía por qué esas cifras me intrigaban tanto. Después de caminar la mitad del recorrido me había auto-convencido de que aquellas cifras eran producto de mi imaginación, “revuelta” por un accidente que me dejo inconsciente... ¿tres días? Cuando me detuve a pensar en ello repentinamente mi brazo me empezó a arder nuevamente. El dolor era grande y al mirar mi brazo vi que en la muñeca parpadeaba por debajo de la piel una luz pálida, que cambiaba poco a poco a amarillo. Después de unos treinta segundos oí que algo corría entre el maíz a gran velocidad, y la luz ya había pasado al amarillo y comenzaba a anaranjarse. Mi instinto me dijo que me debía ir de allí, así que empecé a correr con todas mis fuerzas en dirección de mi hogar. Con el movimiento yo veía repetidas veces mis muñecas, donde la luz casi era roja. Ya estaba a solo 100 metros del cerco de la granja cuando tropecé. Antes de incorporarme para seguir mi loca carrera giré la cabeza y vi con horror que una criatura de unos 60 centímetros de altura, con ojos rojos relampagueantes se acercaba corriendo a una velocidad increíble. Al estar a 8 metros de mí saltó, extendiendo sus garras y dientes. Todo sucedió muy rápido, pero cuando ya casi había caído sobre mí, una especie de rayo de un color azul pálido lo atravesó por el pecho, cayendo el cuerpo muerto encima de mí. Yo me puse a correr inmediatamente, sin voltear la vista, cuando de repente una sombra pasó a gran velocidad por mi derecha. Esa sombra o lo que sea saltó sobre el cerco de mi casa y luego sobre el techo de la misma, para desaparecer en la oscuridad de la noche. Al pasar por la cerca y aproximarme, vi que había salido de ella una multitud de personas para ver que había producido aquel ruido en el techo, pero antes de ver eso me vieron a mí. Todos vinieron a ver si estaba bien, preguntándome dónde había estado. Yo les respondí únicamente que tuve un accidente. Una hora después ya me encontraba acostado en mi pieza, con la cabeza revuelta por todo lo ocurrido. ¿ Que me había sucedido? Ya no podía seguir ignorando lo ocurrido, y me sentía cada vez mas atraído y confuso por el llamado de aquellas cifras. 40, 38, 1.920. Con estos pensamientos me dormí. Me desperté sobresaltado, por una luz brillante que entraba por mi ventana. Primero pensé que ya había amanecido, pero al acercarme a la ventana pude ver que provenía de un objeto gigante, que sobrevolaba a escasos dos metros el techo de mi casa. Después, seguido por mí asombrada vista vi como se alejaba, para bajar sobre mi campo de maíz. Permaneció dos minutos en ese lugar y luego empezó a elevarse nuevamente. Repentinamente vi que un vehículo atravesaba a gran velocidad mi campo de maíz. El objeto luminoso al ver que se acercaba subió a una velocidad impresionante. El vehículo se detuvo en el lugar donde había estado detenido el extraño objeto. Yo me di vuelta y vi que mi señora se encontraba detrás de mí, mirando aterrada. Le dije que se quedara en casa y yo iba a ver. Yo me vestí apresuradamente con unos pantalones y una camisa, y esta vez cogí mi escopeta, por sí acaso. Crucé el maizal rápidamente, y al llegar al lugar de lo ocurrido pude observar a John tomando muestras de suelo con su cámara al lado suyo. Pude observar que el maíz estaba aplastado pero no destruido. Me miró y dijo que eso era una nave extraterrestre simple, de exploración. Nuevamente pensé que era un loco, pero como era el único que creía que podía saber que me pasaba lo invité a mi casa.

Al llegar mi mujer nos ofreció un café. Mientras lo servía pude apreciar que todavía temblaba. Mire fijamente a John y le dije todo lo que me había sucedido, incluido lo que ocasionó mi accidente, que tenía una laguna de tiempo de tres días, las extrañas cifras 40, 38, 1.920 y el ataque que sufrí en el maizal. Al contarle lo sucedido pude ver que se mostraba sumamente interesado, y me pidió que le mostrara el brazo. Al verlo me palpó la muñeca y me mostró una pequeña herida cicatrizada que no me acordaba que tuviera ahí. Me miró fijamente y me dijo:

- Por todo lo que me has dicho te voy a decir mi conclusión: fuiste abducido antes que tu vehículo chocara, por lo cual sobreviviste a aquel incidente, pero te colocaron en una operación un detector en tu muñeca (al decir esto me indicó el brazo) que además te muestra la cercanía de un alienígena, y una especie de traductor, o eso creo, en la base de la nuca. Después de esto te devolvieron al lugar desde donde te abducieron, donde yo te recogí. En tanto al maizal, por lo que me describiste, una especie de “mascota alienígena” te atacó, pero como tu formabas parte del experimento de los extraterrestres te salvaron. Creo que lo que te atacó era algo así, ¿no?- dijo, indicándome una ilustración de un libro que había sacado de su bolsillo, que era una especie que poseía dos grandes brazos en actitud simiesca, con garras y dos grandes ojos rojos, debajo de los cuales había un hocico prominente con grandes colmillos- Yo asentí con la cabeza. Luego prosiguió: Aquellas cifras todavía no me quedan claro que son.

Decidimos que íbamos a saber lo que eran costara lo que costara. Primero la sumamos, dándonos 1998. Esto era tan incoherente para nosotros como las otras cifras. Después las restamos, multiplicamos, dividimos e invertimos, sin entender. Estuvimos así hasta las 7:00 de la mañana, cuando mi hija mayor al escucharme me dijo que podía ser un lugar. Ante esta nueva opción fuimos a buscar un atlas, donde hallamos que los lugares con esos números eran dos en el Atlántico, uno en Turquía y otro en el Índico, pero lo malo era que el 1.920 en ese caso no significaba nada. Repentinamente me acordé de algo importante. El camino que se encontraba frente a mi casa era la ruta 40. Al decirle esto a John se le ilumino el rostro, fue corriendo a su vehículo y trajo un mapa rutero. Abrió la pagina donde estaba todo el sector y su dedo busco por la ruta 40, hasta encontrar en la ruta el kilometro 38, donde se encontraba una vieja fabrica abandonada. Ya estábamos sobre la pista, pero no sabíamos que significaba el 1.920. Cuando pensábamos que podía ser, recordé mis tiempos de recluta en el ejército, y que las horas se tomaban no de 1 a 12, sino de 1 a 24 y que los minutos se colocaban después de la hora, dando números enteros, siendo los dos primeros las horas y los dos segundos los minutos. Todo eso daba entonces 7:20 pm. Nos miramos las caras: Era una cita.

Solamente faltaba el día. Empezamos a mirar los anteriores resultados, en busca de alguno que podría servir de fecha coherente, encontrándolo. Era la suma de 40, 38, 1.920, 1998, pues si se le colocaban puntos en los lugares correctos daba el 1.9.98.

Todo calzaba, pues estabamos en el año ..98 en el noveno mes, septiembre. Y por último estábamos en el sábado 29. Los días anteriores al lunes 1 los olvidé casi por completo. Lo único que recuerdo era que los pasé con mi familia y con John, el cual se había instalado en mi casa. Yo muchas veces volvía a pensar que estaba alucinando o que era solamente mi imaginación, hasta que llego el día. Me preguntaba si debía ir a la “cita” o lo que fuera. Mi familia no quería que fuera, mientras que mi curiosidad y John me impulsaba a ir. Finalmente decidí ir, pero armado con una pequeña pistola, pues después de lo sucedido en el maizal no estaba demasiado seguro de las intenciones de los alienígenas. Después nos fuimos en el vehículo de John. Los últimos días había podido apreciar por qué su vehículo poseía aquel aroma a tabaco, pues él tenia la rara costumbre de mascar tabaco. ¿Extraño no? Bueno, cuando estábamos a solo dos kilómetros del lugar de la cita fuimos detenidos por un control militar, diciendo que nos debíamos volver inmediatamente a nuestras casas, pues ese mismo día se había instaurado toque de queda de las 6 de la tarde a las 10 de la mañana. Después de que John intentara convencer al guardia inútilmente, respiré aliviado, pues tenía miedo a la que podría pasar. Cuando empezamos a devolvernos John estaba de un animo de perros, refunfuñando. Yo estaba muy aliviado cuando repentinamente me empezó a doler la nuca. El dolor me nublaba la vista y oí una voz que venía de la profundidad de mi mente me dijo con una voz bífida y de ultratumba:

-VEN... A.. MI..., VEN... A.. MI...

Mi cuerpo no era manejado por mí y mi mano se movió rápidamente, cogió el volante de las manos de John y lo hizo girar. Por la velocidad del vehículo y la curva que se produjo el vehículo se volcó, dando vueltas y tumbos repetidas veces. Cuando se detuvo, echo pedazos y con las ruedas dando al aire, mi cuerpo maltrecho salió del vehículo y comenzó a correr a toda velocidad al kilometro 38. El dolor era insoportable, pero mi cuerpo como no era manipulado por mí seguía en su vertiginosa carrera. Lo ultimo que vi de John era que salía a gatas del vehículo, tosiendo sangre. Mi cuerpo corría a gran velocidad, siendo que al parecer tenia un brazo roto y tenía varias punzadas. Después de 14 minutos de carrera llegué al control. Al acercarme a él me salió al paso el soldado nuevamente. Al ver que me acercaba a toda velocidad me gritó que me detuviera. Al ver que no lo hacía me apuntó con su arma. La misma voz que venía de mi interior dijo:

-MATA... MATA...

Mi brazo fue a mi espalda y sacó la pistola, con la cual acribilló al soldado, mientras proseguía el resto del cuerpo la carrera. Finalmente llegué a la fabrica abandonada, donde había varios vehículos y tanques y cerca de sesenta soldados. Al ver que me acercaba me apuntaron y dispararon en los pies. Mi cuerpo cayó al suelo, sosteniendo aun la pistola. Cuando vieron que no era ningún peligro se acercaron y me cogieron. Yo ya volvía a poder utilizar mi cuerpo. Me llevaron al interior de un vehículo de mando donde solo había una persona, un oficial. Me recostaron en una camilla los soldados y luego salieron. El oficial se me acercó y anunció con una voz pastosa:

- eres el octavo que responde a su llamado ¿sabias? Ese ser al parecer es poderoso- miro su reloj nerviosamente, para luego proseguir- muy poderoso, pero nosotros sabemos lo que quiere, y no lo vamos dejarse ir. ¿Entiendes de lo que estoy hablando? - preguntó, mientras buscaba en mi cara algún signo de comprensión, al ver que yo negaba con la cabeza prosiguió- Bueno, entonces vamos a comenzar del principio. Ese ser que te obliga a hacer lo que quiere vino a explorar, para saber si este planeta serviría para la vida de su especie. Este ser, el mismo cada vez, ha venido periódicamente a nuestro planeta para saber si nuestro planeta sirve para ellos. Antes no les servía por Tener una capa de ozono, que les impedía la entrada de sus naves, después por estar increíblemente contaminado y destruido, pero ahora es perfecto para ellos. Además ahora quiere saber si tiene los recursos que necesitan, por lo cual tenía la intención de llevarse a científicos, geólogos, biólogos, en fin, para saber todo sobre la tierra. A propósito, ¿usted que es?

- Geólogo- respondí con voz entrecortada. Después de oírme revisó nuevamente su reloj. Al ver que quedaba tiempo siguió con su monólogo:

- Bueno, esta vez estaba en eso cuando nosotros captamos su llamada a los “escogidos”, ese sonido que seguramente has escuchado, ¿no?. Costo mucho encubrirlo a la población. Al saber el sector donde se encontraba mandamos nuestras aeronaves para que lo derribaran, pues entenderás que no queremos invasores interplanetarios. Uno de nuestros helicópteros de doble hélice lo detectó el otro día y lo intentó derribar con sus cañones ametralladoras, pero solo lo dañó, lo cual fue lo suficiente para que no vuelva a poder abandonar el planeta...

Fue interrumpido repentinamente por un soldado que le anunció que ya era hora. Al abandonar ambos el vehículo de mando me quedé solo. Me di cuenta con horror que me empezó a arder el brazo. Después la base de la nuca me volvió a doler horriblemente. Llegó nuevamente aquella voz:

- TERMORREGULADOR PRINCIPAL ROTATIVO

¿Qué demonios era eso? Pensé, mientras que mi cuerpo volvía a ponerse en movimiento sin que yo quisiera. Mi cuerpo cogió la camilla y la arrojo contra un tablero atornillado en la pared, que al caer saltó de él una pistola automática y un manojo de llaves y tarjetas de ingreso. Mi cuerpo cogió la pistola y una sola tarjeta de ingreso, con la cual abrió la puerta del vehículo. Aunque tenía los pies destrozados y un brazo roto mi cuerpo fue sigilosamente hacía un camión blindado orillado en el camino. Los soldados estaban buscando en el horizonte algo, pues faltaban solo dos minutos para las siete veinte. Yo intentaba detener mi cuerpo pero rechazaba todas mis ordenes. Yo pensaba, como era lo único que podía hacer, que un termorregulador principal rotativo era algo muy especial, hasta que mi cuerpo abrió el capote del camión y lo extraía del motor. Era la hora de la cita y mi cuerpo se dirigía a paso firme a un edificio. Al ver que mi cuerpo se movía hacia aquel edificio los soldados dejaron de vigilar el cielo y me miraban fijamente a mí. Mi cuerpo se detuvo a dos metros del edificio, y ante la mirada atónita de todos los ahí presentes, el edificio se transformó en una nave espacial de color plateado con miles de luces cegadoras. De la nave se abrió un orificio, del cual empezó a bajar un puente. El silencio expectante fue roto por la voz del oficial que grito:

- ¡¡ Destruyan a los invasores!!

Los soldados entonces empezaron a abrir fuego contra la nave, la cual respondió con unos rayos azules. Mi cuerpo giro y abrió fuego sobre los soldados, mientras retrocedía, subiendo por el puente. Mi cuerpo al terminar de subir el puente disparó sobre el oficial, al cual mató. Al cerrarse la puerta, mi cuerpo volvió a mi control, y me desplomé por las heridas sufridas y por desangramiento. Me di cuenta que mi brazo tenía un resplandor rojo fuerte y me seguía doliendo la base de la nuca. Al poder girar la cabeza pude apreciar el lugar donde estaba, que era muy luminoso, con extraños aparatos incomprensibles. También pude ver un ser alto y alargado, que vestía una extraña armadura, de contextura alargada. Su piel era casi blanca y escamosa. Poseía grandes ojos negros y carecía de boca y nariz. En vez de pelo tenia unas hebras largas, tomadas como cola de caballo. Se me acercó y con una mano de tres dedos alargados con afiladas uñas me quitó el termorregulador principal rotativo el cual se llevó e instaló en un panel de mando. Mientras lo hacía uno de aquellos seres de ojos rojos y actitud simiesca se había acercado, con curiosidad y un brillo de maldad en sus ojos, pero yo al levantar la pistola se alejó. La nave se remecía por los disparos, hasta que se elevó. No lo pude ver, pero se sentía como se elevaba a una vertiginosa velocidad. Después de unos siete minutos el alienígena se acercó, apretó un botón y de la nave salió un asiento tan reluciente como la misma. Después de sentarse se acercó una de las criaturas, a la cual empezó a acariciar, mientras hablaba conmigo. Me dolió muchísimo la base de la nuca, por lo cual solo entendía a medias lo que decía. Él decía, con la misma voz que había escuchado tantas veces en el interior de mí, esto:

- Finalmente he logrado lo que he buscado por siglos y siglos, ahora mi especie podrá utilizar la Tierra, aquel planeta que ustedes cerdos humanos, casi destruyeron por estupideces y busca de poder, y contaminaron, intentando conseguir riquezas. Ustedes, que tienen un don de destrucción, que creían haber superado, no lo han hecho, sino que lo han mandado lejos de si, a los planetas que ustedes dicen ser los exteriores, pues se creen tan importantes que son el centro del universo. Ustedes lo único que hacen es decir que en busca de los avances tienen el derecho de humillar, destruir y conquistar, como lo han hecho toda su historia, que he visto con mis propios ojos. Primero buscaban el poder sobre otras naciones. Después no se contentaron solo con eso, sino que también quisieron imponer sus creencias. Después buscaron nuevas tierras, al ser allanadas donde estaban antes. De esa manera primero conquistaron otro continente, donde lo virgen y bueno lo remodelaron a su semejanza. Posteriormente buscaron el entendimiento de las cosas, y con eso hicieron nuevas técnicas de destrucción. Al quedarse nuevamente pequeños en su planeta salieron al espacio, a destruir y humillar la virginidad del espacio. Después de la práctica autodestrucción de su especie recién ustedes empezaron a pensar en lo que habían hecho, pero eso no sirvió de nada, pues en vez de destruir su propio planeta lo hicieron en los otros... Pero ahora mi especie podra utilizar ese planeta que nunca devió ser para ustedes... y nos encargaremos de que ustedes desaparezcan para siempre, pues son una reza que ni siquiera debiera existir...

Mientras decía esto yo lo había dejado de escuchar, pensando en mi familia... No, no iba dejar que nada de eso pasara. Con mis pocas fuerzas restantes levanté disimuladamente el arma y apreté el gatillo. Las balas atravesaron al extraterrestre en medio de su discurso. Él cayó muerto al suelo. La criatura, enojada se abalanzó sobre mí. A ese monstruo también acribille. Después me arrastré hacia los controles de la nave, y como no los entendía presioné cualquier botón. Una voz anunció que el portal de Espacio-tiempo estaba abriéndose, que sólo debía decir el destino. Yo dije con mi cansada voz:

- La Tierra...

Vi que a mis espaldas se abrió una especie de portal, que me empezó a absorber. Con terror pude ver que mi forma se alargaba desde el lugar donde estaba hacia el portal. Por algún motivo me desmayé y aparecí en la Tierra.

Los dos doctores se miraron asombrados, y empezaron a escribir apresurados sobre sus plantillas. Después de terminar levantaron la vista y vieron aquel par de ojos celestes mirándolos, interrogantes. Allan Brookman, el paciente número 82 del hospital psiquiátrico, con su extraña mirada perdida y su rubia barba de varios días los observaba. Ambos doctores volvieron a mirarse y se alejaron de la cama del enfermo. Cuando se hallaban a una distancia prudente el doctor más joven dijo:

- Es increíble con la convicción que lo cuenta, como se emociona, es como si realmente lo hubiera vivido. ¿Dónde es que dijiste que lo habían encontrado?

- En la selva mexicana en la península del Yucatán. Una noche se acercó a una pequeña aldea, tenía extrañas vestiduras y una pistola estilo “Guerra de las Galaxias”.

El tipo debe de haber sido un científico militar de una organización secreta o algo así, pues nadie ha venido a decir nada sobre él. Su historia es realmente increíble. Yo le he dicho que debería escribirla.

Mientras tanto, en su cama, Allan Brookman, después de ver si nadie lo miraba, se arremango la camisa y vio con horror que su muñeca poseía una luz pálida, tenue, muy tenue...


Fin

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2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

muy buen cuento pero un poco enredado.

Saludos a todos.

9:23 AM  
Blogger Tobias Hellwig said...

jajaja
ta la raja

Es una idea copiada?
me parece conocida la trama

salu2

2:13 PM  

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